El escalofriante origen de las quinceañeras. Mira por qué no debes celebrarlo


¿Tú quisiste fiesta de XV años? Si eres latina, seguro tus padres estuvieron ahorrando para hacerte el festejo de tus sueños. Es un orgullo para las familias celebrar que las mujeres de la casa lleguen a esa edad. Un vestido lindo que marque su figura, peinado de salón, maquillaje para resaltar sus facciones, bailar el vals con su padre y que la madre le ponga la corona, se vuelve un día inolvidable para toda quinceañera. ¿Pero realmente conocemos el origen de esta tradición, o sólo nos convertimos en títeres, repitiendo lo que los demás han hecho durante generaciones? 



Todo comenzó en las antiguas civilizaciones indígenas precolombinas Azteca y Maya. Cuando las mujeres cumplían 15 años llegaba el momento de decir adiós a su familia; no tenían otra opción. Las enviaban al Telpochcalli, colegio donde las ‘‘preparaban’’ a las hijas de los nobles para el matrimonio. 




En cuanto ponían un pie en el Telpochcalli se acababa lo bonito de la vida. Las lecciones comenzaban por la madrugada, tomando un baño en la laguna helada. Se les restringía la comida, pues tenían que lucir ‘‘hermosas’’. Si alguna no cumplía una orden le aplicaban castigos con púas de maguey. Barrían durante la noche, o las metían a una choza con humo de chiles quemados, que prácticamente les cerraba la garganta y las hacía caer al suelo casi muertas por la falta de oxígeno. 


No debían tener contacto con ningún hombre, pues el ritual de los 15 años significaba que eran puras y dignas para el matrimonio. Cuando sus maestros consideraban que estaban listas, hacían una celebración a la que asistían todos los aldeanos de los alrededores. Hombres que ya habían pasado por la disciplina del  Calmécac y eran considerados guerreros, podían ser elegidos por la familia de las quinceañeras para unirse en matrimonio. 


Pero la opinión de las jóvenes no tenía validez. Las familias decidían con quién crear lazos, y entre más poderoso económicamente era el joven, era más solicitado. Es decir, los XV años eran un simple trato de compraventa. No importaban gustos, deseos y emociones de la hija. La última palabra la tenía su padre.

Con la llegada de los españoles las costumbres cambiaron y adquirieron los principios de la religión católica, la cual intentó acabar con esta tradición, pero los indígenas no aceptaron. 


En el siglo XIX Maximiliano y su esposa Carlota se apropiaron de la tradición, y le agregaron los vestidos glamorosos que usaban las mujeres de clase alta y el vals. 


Al final de cuentas todas esas mujeres que fueron entregadas a hombres que no querían -muchas de ellas asesinadas por sus esposos y otras maltratadas hasta el último día de su vida- no importan. En pleno siglo XXI esta tradición sigue siendo una de las más importantes en la vida de una mujer, sin tener idea de la realidad que hay detrás. 



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